Historical Article

The Release Bandwagon
Dr. Whatsisname
Psychiatr Serv 2000;51 332
http://ps.psychiatryonline.org/cgi/content/abstract/51/3/332
Psychiatr Serv 51:332, March 2000
© 2000
American Psychiatric Association


Subirse al Carro de las Altas

Dr. Whatsisname

Resumen

Nota del Editor: el siguiente ensayo, publicado en la columna del Dr. Whatsisname en el número de junio de 1959 de Mental Hospitals, es una enconada mirada de la masiva desinstitucionalización de pacientes de los hospitales psiquiátricos que siguió a la introducción de los nuevos fármacos. (ver "The New Drugs (Chlorpromazine & Reserpine): Addison M. Duval and Douglas Goldman Psychiatr Serv 2000;51 327-331 http://ps.psychiatryonline.org/cgi/content/abstract/51/3/327 y el comentario y análisis del Dr. Robert Cancro: The Introduction of Neuroleptics: A Psychiatric Revolution Robert Cancro Psychiatr Serv 2000;51 333-335 http://ps.psychiatryonline.org/cgi/content/abstract/51/3/333. La columna del Dr. Whatsisname apareció de forma regular en la revista durante casi 14 años antes de que desapareciera en 1970, y su autor fuera formalmente identificado: Henry A. Davidson, un gerente hospitalario en New Jersey. El artista de Washington Ralph Robinson dibujaba las ilustraciones de la columna.

Nosotros, los psiquiatras de hospital podemos estar escasos de personal, tiempo, dinero y suministros, pero nunca nos faltan los pacientes. Por eso no debemos preocuparnos de que se nos cierre el negocio si aceleramos el ritmo de las altas.

La presión, en efecto, la tenemos a nuestro alrededor. Todos queremos sacar a los pacientes lo más rápidamente posible. Nuestro personal lo quiere porque disminuye su carga y les hace percibirse como profesionales competentes. Los legisladores lo quieren porque reduce los costos hospitalarios. Nuestros amigos del movimiento de la Salud Mental parecen encantados cuando los tiempos de estancia disminuyen, ya que esta situación acredita su propio trabajo. Y el superintendente que puede mostrar este año un mayor índice de altas que el pasado se siente orgulloso de sí mismo.

Hay un efecto de “subirse al carro” en esta situación. Si el hospital X obtiene una reducción del 2% en su censo de pacientes, la dirección del hospital estatal Z quiere saber que es lo que sucede con Z. Y para demostrar que es tan bueno como el colega Y, el superintendente Z decide dar de alta a más pacientes este año. Se le ordena al director médico que diga a los jefes de servicio que peinen las salas. Si un paciente puede hacer cola en el comedor del hospital, ¿por qué no va a poder hacer lo propio en el comedor municipal?. Y el jefe le dice al médico de la enfermería del hospital que sus pacientes pueden ser cuidados de forma adecuada por sus familias, así que ya puede mirar cuantos pueden ser devueltos a sus familias. Al servicio de asistencia social se le urge a buscar más pisos protegidos, trabajos u hospedajes para pacientes tranquilos ambulatorios. Para el final del año, bajo esta presión, el hospital Z muestra un admirable rendimiento.

Esta es una expectativa tan sugerente que algunas veces nos olvidamos de que tenekos otras responsabilidades. El alta prematura de un paciente puede ser una evasión de tales responsabilidades. Se producen raros pero dramáticos episodios de asaltos, suicidios, asesinatos y otros actos explosivos llevados a cabo por ex-pacientes. Con mayor frecuencia los pacientes dados de alta de forma prematura recaen tan pronto que su alta parece un pitorreo y justifica preguntas acerca del buen juicio del hospital. O el paciente puede encontrarse sólo y desconcertado en un mundo que no entiende, y se convierte en un patético resto de un naufragio en un mar de hostilidad. Para el observador casual, el trabajo en la lavandería del hospital puede no parecer diferente de del trabajo en una lavandería industrial. Pero el paciente que cruza el puente puede encontrarse a sí mismo incapaz de competir en un mercado laboral abierto. Esto puede resultar aterrador después de la seguridad de una institución donde, a pesar de que la comida pueda no ser muy buena, al menos siempre sabes de donde llega la próxima.

Hace unas pocas décadas, el peligro para el paciente estaba en ser olvidado tan pronto como la puerta de la sala del hospital se cerraba detrás de él. Pero hoy en día, cuando más y más puertas de las salas permanecen abiertas, el principal peligro son las altas apresuradas y prematuras. Hay una curiosa ironía en esta situación, ya hubo un tiempo en que se protestaba porque los pacientes se estaban convirtiendo en números en una gráfica. Y ahora, quizás, podemos estar olvidando las necesidades humanas de seguridad de los pacientes en nuestra ansiedad por poner números más grandes en la columna de altas.


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